
Del 6 al 10 de octubre, los aeropuertos de Münster/Osnabrück y Bremen se convertirán en campos de entrenamiento militar. Los aviones de combate despegarán entre vuelos regulares y utilizarán pistas que normalmente utilizan los turistas. La Fuerza Aérea alemana ensaya para casos de emergencia. Aquí se explica el contexto del ejercicio.
Los conflictos modernos siguen el mismo patrón de siempre: el enemigo ataca primero las bases aéreas. Misiles de crucero y balísticos impactan en pistas de despegue y aterrizaje, hangares y depósitos de combustible. La base militar clásica se convierte en un objetivo vulnerable.
La respuesta es la flexibilidad. Quien puede aterrizar en diez aeropuertos diferentes ofrece diez objetivos en lugar de uno. Quien hoy despega y aterriza en los numerosos aeropuertos civiles obliga al enemigo a malgastar recursos. Los aeropuertos civiles se convierten así en reservas estratégicas.
Alemania cuenta con unos 30 aeropuertos comerciales de gran tamaño con infraestructura capaz de acoger aviones militares. Esta capacidad permanece sin utilizar en tiempos de paz, pero en caso de defensa se vuelve vital para la supervivencia.
Operaciones dispersas: el principio de la distribución
La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) denomina este concepto «Agile Combat Employment» (ACE). Las operaciones dispersas forman parte de este concepto. Objetivo: distribuir tus fuerzas para sobrevivir.
Lo contrario sería fatal. Las fuerzas concentradas en unas pocas bases ofrecen objetivos ideales. Un ataque exitoso paraliza docenas de aviones al mismo tiempo. Las reparaciones duran semanas si las pistas de aterrizaje están destruidas.
Las operaciones dispersas invierten esta lógica. Las unidades más pequeñas operan desde ubicaciones cambiantes. Necesitan menos infraestructura, pueden desplazarse más rápidamente y son más difíciles de localizar. La desventaja táctica —una menor concentración de fuerzas— se compensa con la capacidad de supervivencia.
¿Qué ocurre exactamente en Richthofen Shield?
Aviones de combate (Eurofighter Typhoon) vuelan a Münster/Osnabrück y Bremen. Aterrizan, repostan, se arman (simuladamente) y vuelven a despegar. Suena sencillo, pero no lo es.
Los aviones militares necesitan combustibles especiales y tecnología de comunicación. Los pilotos necesitan salas de briefing seguras, los técnicos herramientas y piezas de repuesto. Los soldados deben proteger la zona contra drones, saboteadores y ataques. Esto último solo ocurre en caso de defensa, de lo contrario es tarea de la policía federal.
Todo esto debe funcionar con infraestructura civil. La Fuerza Aérea de Alemania utiliza las gasolineras, hangares y zonas de estacionamiento existentes. Los operadores aeroportuarios coordinan el tráfico civil y militar. En resumen, los aviones comerciales ruedan junto a los aviones de combate.
Al mismo tiempo, la Luftwaffe debe entrenarse en autoprotección. Actualmente, esto solo se tiene en cuenta en Richthofen Shield, pero en caso de emergencia se reservan fuerzas adicionales para ello.
El reto: combinar lo civil y lo militar
Los aeropuertos civiles siguen otras normas distintas a las bases militares. Controles de seguridad, protección contra el ruido, control del tráfico aéreo: todo debe seguir funcionando. Los viajeros de negocios necesitan conexiones puntuales.
El ejercicio pone a prueba esta integración. ¿Se pueden integrar los procesos militares en las estructuras civiles sin causar caos? ¿Entienden los operadores aeroportuarios los requisitos militares? ¿Conocen los soldados los procesos de un aeropuerto civil? Esto se hizo público por primera vez en el ejercicio inicial Hannover Shield 2023.
Münster/Osnabrück y Bremen también ofrecen condiciones ideales. Ambos aeropuertos cuentan con pistas de aterrizaje suficientemente largas, infraestructuras modernas y experiencia con diferentes tipos de aviones. Su ubicación los convierte en centros logísticos para los movimientos de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) por el noroeste de Alemania.
Dimensión estratégica: Alemania como centro neurálgico
Renania del Norte-Westfalia, Baja Sajonia y Bremen apoyan activamente el ejercicio Richthofen Shield 2025. No es casualidad. Alemania se encuentra en el centro de Europa y constituye el eje logístico de las operaciones de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).
En caso de defensa, los refuerzos procedentes de EE. UU., Gran Bretaña y Francia fluirían hacia el este a través de Alemania. Los aeropuertos se convierten en centros de transbordo de tropas, material y combustible. Quien controla esta infraestructura, controla el suministro.
Las operaciones dispersas en aeropuertos civiles multiplican esta capacidad. En lugar de depender de unas pocas bases militares, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) puede recurrir a una densa red. Esto dificulta enormemente la planificación enemiga.
Lecciones de los conflictos actuales
La guerra contra Ucrania demuestra la vulnerabilidad de las bases aéreas clásicas. Rusia bombardea regularmente los aeropuertos militares ucranianos. Los misiles de crucero alcanzan hangares, centros de mando y depósitos de municiones.
Ucrania reacciona improvisando. Los aviones operan desde tramos de autopista, aeródromos ocultos y posiciones que cambian constantemente. Esta flexibilidad mantiene con vida a la fuerza aérea, a pesar de los ataques masivos.
Las armas de precisión agravan el problema. Los misiles de crucero modernos impactan con una precisión de pocos metros. Las bombas guiadas por GPS (Sistema de Posicionamiento Global) destruyen objetivos puntuales. Quien revela su ubicación, es alcanzado.
Las operaciones dispersas son la respuesta. La movilidad vence a la precisión. Un objetivo que cambia constantemente no puede combatirse de forma eficaz. El enemigo desperdicia munición en ubicaciones vacías.
La realidad: los límites de la descentralización
Las operaciones dispersas tienen desventajas. Las unidades pequeñas y dispersas están menos protegidas que las grandes bases. Pueden ser invadidas por fuerzas especiales, bombardeadas por la artillería o atacadas por enjambres de drones.
La logística se vuelve más compleja. Cada ubicación necesita combustible, munición y repuestos. Los camiones deben atravesar zonas potencialmente conflictivas. La comunicación entre las unidades dispersas debe funcionar a pesar de las interferencias electrónicas.
Además, carecen de la profundidad de las bases militares. Los aeropuertos civiles no tienen búnkeres subterráneos, puestos de mando blindados ni sistemas de defensa aérea integrados. Son más vulnerables.
Richthofen Shield comprueba si estas desventajas se compensan con ventajas. El ejercicio muestra lo que funciona y dónde hay lagunas.
Efecto: «Mensaje político »
El ejercicio envía un mensaje: Alemania se toma en serio la defensa y la responsabilidad en la alianza de la OTAN. Tras décadas de dividendos de la paz, la República Federal vuelve a invertir en capacidades militares.
Richthofen Shield demuestra la cooperación entre civiles y militares. Los operadores aeroportuarios, los gobiernos regionales y la Fuerza Aérea trabajan codo con codo. Esta cooperación debe practicarse en tiempos de paz para que funcione en caso de emergencia: una variante de «entrena como luchas».
Al mismo tiempo, Alemania demuestra su capacidad de alianza. Los socios de la OTAN deben poder confiar en que la infraestructura alemana estará disponible para la defensa común. Richthofen Shield demuestra esta disponibilidad.
Perspectivas: ¿una nueva normalidad?
Las operaciones dispersas siempre han sido una pequeña parte de los principios de despliegue de la Fuerza Aérea, pero ahora se están convirtiendo en la norma. La situación estratégica en Europa lo exige. La agresión de Rusia, la creciente amenaza de las armas de precisión, la guerra híbrida… Todo ello exige flexibilidad.
En el futuro, este tipo de ejercicios serán más frecuentes. La Fuerza Aérea no solo debe dominar las operaciones dispersas, sino convertirlas en algo natural. Los pilotos deben ser capaces de aterrizar en cualquier aeropuerto adecuado. Los técnicos deben poder trabajar con un equipo mínimo. Los comandantes deben ser capaces de coordinar fuerzas dispersas.
Richthofen Shield 2025 y Hannover Shield 2023 son un comienzo. Los ejercicios ponen a prueba conceptos, revelan debilidades y crean rutinas. Preparan a la Fuerza Aérea para un futuro en el que la supervivencia es más importante que la comodidad.
Conclusión: sobrevivir gracias a la movilidad
Estos ejercicios representan un cambio de paradigma. La Fuerza Aérea sigue apoyándose en sus bases y practica la distribución en muchas ubicaciones más pequeñas. Combina la concentración con una mayor flexibilidad, lo que aumenta su disponibilidad operativa y su eficiencia.
Richthofen Shield 2025 hace que este cambio sea ahora visible a nivel suprarregional. Cuando los Eurofighters aterrizan en aeropuertos civiles, la Fuerza Aérea demuestra su capacidad de adaptación. Demuestra que, en caso de emergencia, no depende de unas pocas bases vulnerables.
El ejercicio es más que un entrenamiento militar. Es una señal de que Alemania y sus socios han comprendido la realidad de la seguridad europea. En un mundo de amenazas crecientes, la movilidad es decisiva para la supervivencia.
Un poco de historia
Las operaciones dispersas no son un invento del siglo XXI. Las tácticas de dispersión y las medidas de protección fueron muy comunes durante la Segunda Guerra Mundial. La Royal Air Force distribuyó sus cazas en docenas de pequeños aeródromos cuando la Luftwaffe de la Wehrmacht bombardeó las bases británicas en 1940. La propia fuerza aérea alemana operó desde ubicaciones provisionales y tramos de autopista hacia el final de la guerra, cuando los bombarderos aliados destruyeron las grandes bases aéreas.
Después de 1945, la OTAN perfeccionó este concepto de despliegue. Las bases operativas dispersas (DOB) surgieron en los primeros años de la Guerra Fría, en la década de 1950, cuando se comenzó a planificar bases aéreas tácticas en Europa occidental. La amenaza de las armas nucleares soviéticas convirtió la descentralización en una cuestión de supervivencia. Un ataque nuclear contra una gran base habría destruido docenas de aviones y cientos de soldados.
Alemania construyó una densa red de aeródromos principales y alternativos. Los despegues y aterrizajes en autopistas formaban parte del entrenamiento estándar que se llevaba a cabo principalmente en Europa Central, Oriental y Septentrional durante la Guerra Fría. Suecia perfeccionó esta táctica con el Saab Viggen y, más tarde, con el Gripen, aviones que podían despegar desde carreteras pavimentadas.
Con el colapso del Pacto de Varsovia, los despegues y aterrizajes en autopistas se hicieron menos frecuentes. Los dividendos de la paz hicieron que las operaciones dispersas parecieran superfluas. Las grandes bases orientadas a la eficiencia parecían ser suficientes. La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) concentró sus fuerzas. Esa era ha terminado.
Bundeswehr/Octubre 10 de 2025