
Lo que iba a ser una tarde de fotos se convirtió en una maratón de casi siete horas que nadie quería terminar. El éxito rotundo no se mide solo en la calidad de las imágenes que inundarán las redes, sino en las caras de satisfacción al salir en el convoy nocturno.
Dicen que la fotografía es pintar con luz, pero lo de ayer en el Ala 31 fue mucho más que eso. Fue pintar con emoción, con técnica y con la imponente silueta de un gigante del aire.
La I Jornada de Fotografía Aeronáutica del Ejército del Aire y del Espacio bajó el telón pasadas las 23:00 horas, mucho más tarde de lo previsto. Y es que, cuando la pasión manda, el reloj se detiene. Desde las 16:15, el Hangar 6 del Ala 31 dejó de ser solo un centro de mantenimiento de aeronaves para convertirse en un estudio fotográfico de proporciones colosales.
Juguetes nuevos en manos expertas. El ambiente comenzó con esa electricidad propia de los grandes estrenos. De la mano de Sony España, los asistentes no solo miraron, sino que tocaron. El fabricante desplegó su artillería pesada, permitiendo a los fotógrafos calzar sus cámaras con lo mejor de la gama óptica y probar sobre el terreno la esperada Sony Alpha 7V. Ver a decenas de entusiastas probando el nuevo material con los aviones como modelos fue el primer indicio de que la jornada prometía.
Pero la tecnología, por puntera que sea, necesita de la luz. Y Zaragoza regaló ayer un atardecer de los que se quedan en la retina. Justo cuando el grupo salió a la plataforma, el sol comenzó a caer, tiñendo el horizonte de una gama de lilas y rosas espectacular.
Ahí estaban los A400M, recortados contra ese cielo de acuarela. El sonido de los obturadores fue la banda sonora de un momento casi místico: la dureza del metal gris militar suavizada por una luz romántica y efímera. Fue el instante que todo fotógrafo aeronáutico persigue, todo servido en bandeja de plata.
Y tuvimos magia. Cuando la noche cayó cerrada sobre la base y el frío de diciembre empezó a apretar, el evento dio un giro hacia la creatividad pura. Francisco Pérez Fustero y Olga Aguirre Ruíz tomaron el mando para el taller de Lightpainting.
En la más absoluta oscuridad, el hangar cobró una nueva vida. Trípodes anclados al suelo, exposiciones largas y linternas bailando en el aire. El resultado en las pantallas de las cámaras arrancó exclamaciones de asombro.
Un cierre de altura. Lo que iba a ser una tarde de fotos se convirtió en una maratón de casi siete horas que nadie quería terminar. El éxito rotundo no se mide solo en la calidad de las imágenes que inundarán las redes, sino en las caras de satisfacción al salir en el convoy nocturno. La Base Aérea de Zaragoza y el Ala 31 no solo abrieron sus puertas, abrieron una ventana a una forma diferente y artística de mirar a nuestro Ejército del Aire y del Espacio.
Ejército del Aire y del Espacio/Diciembre 16 de 2025